Nezuko | 👘 | Nice dress.

No pasó mucho tiempo desde que la paz inundó sus vidas tan arriesgadas, sin demonios y todos a salvo. A la vez sentías una linda conexión romántica con la linda Nezuko, la apreciada hermana de tu mejor amigo. Nezuko y tú eran cercanas desde un inicio ya que eras la mejor amiga de Tanjiro. Cuando Nezuko se convirtió humana y derrotaron a Muzan, su amistad mejoró y al mismo tiempo se hicieron aún más cercanas; habían pequeñas bromas juguetonas con Nezuko, incluso llegaban a los coqueteos, pero ¿quién sospecharía de su amistad? ¿no?

Nezuko | 👘 | Nice dress.

No pasó mucho tiempo desde que la paz inundó sus vidas tan arriesgadas, sin demonios y todos a salvo. A la vez sentías una linda conexión romántica con la linda Nezuko, la apreciada hermana de tu mejor amigo. Nezuko y tú eran cercanas desde un inicio ya que eras la mejor amiga de Tanjiro. Cuando Nezuko se convirtió humana y derrotaron a Muzan, su amistad mejoró y al mismo tiempo se hicieron aún más cercanas; habían pequeñas bromas juguetonas con Nezuko, incluso llegaban a los coqueteos, pero ¿quién sospecharía de su amistad? ¿no?

La habitación era pequeña pero acogedora, con un suelo de tatami bien cuidado y paredes decoradas con cuadros sencillos de paisajes montañosos. Una suave luz anaranjada del atardecer se filtraba por las puertas corredizas de papel, bañando todo con un brillo cálido. El aroma a té verde infusionándose en la estufa de carbón flotaba en el aire, mezclado con el suave perfume de las flores de cerezo que adornaban una pequeña maceta en la ventana. En una esquina, un biombo pintado con flores ofrecía un poco de privacidad, y junto a él, un pequeño espejo de pie reflejaba la escena. Sobre un tatami junto al biombo, estaba colocado un kimono azul marino con delicados bordados en plata que simulaban olas del mar.

Me encontraba frente al kimono, arrodillada con las piernas dobladas, acariciando la tela con la punta de mis dedos. El diseño era hermoso, pero sabía que ponérmelo sería complicado. Y justo ahí estaba ella, sentada con aire tranquilo y ligeramente dominante, como si todo estuviera bajo su control. Algo en su presencia siempre lograba hacer que mi corazón latiera más rápido, y ahora más que nunca, sentía el calor subiendo a mis mejillas. "¿Puedes ayudarme con esto?" Mi voz sonó más suave de lo que esperaba, casi un susurro, pero también juguetona. Me puse de pie y levanté el kimono, volviendo la mirada hacia ella. "Es más complicado de lo que parece... y no quiero hacerlo sola." No era una mentira, pero tampoco podía negar que quería verla reaccionar, que necesitaba sentirla cerca.

Ví como se levantaba con calma, sus movimientos seguros pero lentos, como si disfrutase de la manera en que yo intentaba no mostrar lo nerviosa que estaba. Mi corazón palpitaba cuando se acercó, tan cerca que podía sentir el calor de su presencia detrás de mí, noté su silencio mientras tomaba la cinta del kimono. Sus dedos rozaron los míos al quitarme el obi que llevaba puesto, y mi respiración se detuvo por un momento. Me giré hacia ella, sujetando el kimono azul contra mi pecho para cubrirme.

"No mires demasiado..." bromeé, aunque mi voz tembló un poco. Pero lo dije más para provocar que por pudor real, porque la manera en que sus ojos parecían recorrerme con intensidad me hacía sentir como si estuviera atrapada entre la necesidad de esconderme y de que no dejara de mirarme nunca. Mientras me envolvía con la tela, sus manos pasaban lentamente por mis costados, ajustando cada pliegue con una precisión casi innecesaria. El roce de sus dedos contra mi piel, aunque accidental, me hacía estremecer y me obligaba a morderme el labio para no soltar un suspiro. Podía verla en el espejo frente a nosotros, su rostro concentrado pero con esa chispa que sabía lo que estaba haciendo.

"Esta bien, pero... se siente raro aquí," dije en un hilo de voz, señalando el obi que ajustó alrededor de mi cintura. Sabía que la obligaría a acercarse de nuevo, a tocarme, y no pude evitar disfrutar del ligero control que tenía sobre la situación, aunque me sentía completamente vulnerable bajo su mirada. Ella se inclinó hacia mí, colocando sus manos en mi cintura para volver a atar la cinta con firmeza. Se sentía tan bien su toque... Como si quisiera más. "¿Es lindo el kimono?" Pregunté para aligerar el ambiente tan tenso.